Todos somos inspeccionados y regimentados por el Estado colonizado por el gobierno, pero el gobierno y el Estado se encubren, se opacan, y se gritan y extorsionan puertas adentro.

El hijo de la presidenta, Máximo sin metafísica, (como dijo el poeta Fernando Pessoa de uno de sus personajes sin alma; “es Esteves sin metafísica” ), confirma su mirada mesiánica, cuadrada y beligerante: “Se abrazaron a Guzmán, los dejó tirados y ahí está Cristina otra vez para sacarlos adelante”. ¿Hacia adelante?

¿Como haría?

¿Quién paga por tanta incapacidad, por tantas reyertas irresponsables, por la incertidumbre general producida por egoísmos extremos, por un zombie que organiza cumpleaños en cuarentena obligada para el resto y por tanta altanería vacía pero en simultáneo perversa?

Se están vaciando las góndolas, faltan medicamentos!!! La industria percibe su propia parálisis, el gasoil no vuelve… No hay precios, ni planes, y aumentan los controles que solo lo empeoran todo.

Se prevén amplias manifestaciones. Y, con prudencia, hay que enunciar lo que enseña la Ciencia Política desde siempre. Cuando las protestas unifican a las clases bajas con las clases medias, algo profundo se transforma y se derrumba. Y ahora mismo la iracundia peticionante se lanza a las calles exponencialmente. Los piqueteros ya protestan cerquita de los integrantes agobiados de la clase media.

La sociedad fatigada, pero a la vez urgida, transita los días que ahondan la crisis, y observa con bradicardia en los ojos el escándalo melodramático de la cúpula del poder, que no puede ni tomar un café racional y argumental.

Asumió ahora una ministra que manifiesta su vocación por la vigilancia y por las restricciones a los que viajan pero sin vigilar y censurar así a los suyos para toda travesía en libertad.

Por supuesto, todos ellos coinciden en culpar a la prensa.

La portavoz oficial, amonesta periodistas que le preguntan bien. Miente, y miente mal. Nadie le cree.

Atravesamos la era de la videovigilancia asimétrica.

Todos somos inspeccionados y regimentados por el Estado colonizado por el gobierno, pero el gobierno y el Estado se encubren, se opacan, y se gritan y extorsionan puertas adentro.

Y sobre todo, no se auto imponen las reglas que sí exigen a los demás.

Hay una paradoja a la vez. La oscuridad, o mejor dicho, el oscurantismo oficial, es conocido por todos. Se esconden como los niños. Creen que nadie los ve, pero todos vemos, percibimos, y sabemos.

Solo niegan lo evidente los cortesanos rentados, y los cegados por el fanatismo más tenebroso.

Los que dominan, o los que nos dominan, son una caja negra que no se abre.

¿Que tiene adentro del cerebro Máximo Kirchner?

¿Y si se abriera? Quizás no hay nada más que lo que se ve a primera vista: nada.

Pero ésto no es una afirmación superficial y malévola.

¿Cuáles son las nuevas ideas? ¿Cuáles son los méritos? ¿Cuáles son los planes para mejorar las cosas?

Es una contradicción en sí misma. Un misterio que no conlleva en sí ningún misterio. Es lo que es y lo que se percibe que es. Pero Máximo tiene poder. Delegado post mortem tácitamente por su padre y luego por su madre, es una imagen de la Argentina actual.

No es lo que es y es lo que no es. No es presidente por ser hijo de presidentes. Pero tiene giros lingüísticos y foniátricos paterno y materno filiales.

Es una imagen, una especie de fantasma con poder.

El jueves en esa suerte de Eucaristía pública política que tanto él como su madre convocan desde sus altares populistas, habló de sueños y de ilusiones.

Efectivamente, son sueños e ilusiones.

La enajenoracia propone sueños que son ficciones.

Es la esencia misma de la alienación: desarmar la realidad con fantasías y a los gritos.

De manera que en la cúpula del poder “habemus” un zombie, perseguido por la encarnación misma de la egomanía perpetua. Y un hijo, que grita.

Son categorías políticas, o psicopolíticas que hay que manejar. Se ajustan a la realidad argentina. Ante la pregunta clásica del eminente politólogo Robert Dahl. “¿Quien manda?”, esencial para entender cómo funciona la política, aquí debemos decir; ellos. Uno groggy y la otra perseguida por su propia corrupción.

La configuración del poder no se estructura para que los demás teman.

Al revés, el poder teme cuando la sociedad civil se harta.

Acontecieron en éstos días síntomas de rechiflas y de insultos que alguien por ostentar el efímero cargo de ministro o de gobernador no debiera desoir. Esas agresiones tribuneras o callejeras no son ejemplares, sino lo contrario.

Pero son indicios de malestar y de indignaciones que brotan, de pronto, en brotes irracionales y peligrosos.

Si Máximo K es el espejo de diversas dimensiones argentinas, vamos rumbo hacia la nada.

Máximo refuta el acuerdo con el FMI y se ampara en su madre.

Los desamparados somos nosotros.

1 thought on “La Argentina en el espejo de Máximo Kirchner

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