Sin exagerar, se puede decir que, durante casi 30 años, Diego D’Alvia fue el rey de la noche porteña. Hoy ya no vive en la Argentina y, radicado en Miami, se reinventó como empresario gastronómico. Después de Caix, D’Alvia se abrió para crear La Morocha, que también fue el boliche pionero en ganar una zona para la noche porteña: la estación de tren Tres de Febrero, en el barrio de Palermo. “Estuvo buenísimo, pero fueron muchos años en la noche. “La forma de hacer negocios en los Estados Unidos no tiene nada que ver con la de la Argentina.

Sin exagerar, se puede decir que, durante casi 30 años, Diego D’Alvia fue el rey de la noche porteña. De Bulldog a Crobar, pasando por La Morocha, Caix y las fiestas Creamfields, D’Alvia estuvo detrás de varios de los boliches más emblemáticos de Buenos Aires (y Punta del Este), hasta que hace unos años decidió retirarse del negocio de la noche e iniciar una nueva vida. Hoy ya no vive en la Argentina y, radicado en Miami, se reinventó como empresario gastronómico.

Su debut como hombre de negocios llegó un poco de casualidad en el verano del 86, cuando unos amigos lo invitaron a sumarse a un proyecto con una oferta imposible de resistir: abrir un boliche en un parador de la playa. Se trataba del Parador 5 de Punta del Este y el boliche que fundó D’Alvia junto con sus amigos fue Bulldog, que poco después se convertiría en uno de los nombres emblemáticos de la noche porteña de fines de los 80.

“Ese primer año nos fue muy bien de convocatoria, porque teníamos muchos amigos en Punta, pero mal de plata. Al verano siguiente nos contactó (Gustavo) Palmer para sumarse al proyecto y ayudarnos a manejar el negocio, y ahí sí nos fue bien económicamente. Recuperamos lo que habíamos perdido antes y ganamos plata”, explica desde Miami el empresario de 55 años.

Diego D’Alvia: “Siempre me gustó viajar para nutrirme de lo que estaba pasando afuera y para mediados de los ‘90 ya se veía venir la movida de los festivales de música de la noche y nosotros fuimos los pioneros en traer a Buenos Aires a los DJ’s internacionales” Gentileza

El éxito en las playas uruguayas los llevó a probar suerte en la noche porteña. Primero, con una sucursal porteña de Bulldog y después llegaron nuevas propuestas, como Caix, La Morocha y Crobar.

“Fuimos los primeros en abrir un boliche en la Costanera. Ahí llegamos casi de casualidad. Estábamos cansados de los problemas que teníamos con los vecinos de Bulldog (el boliche funcionaba en Marcelo T. de Alvear y Paraguay) y una noche volviendo a casa por la avenida Costanera vi un cartel de ‘se alquila’. En ese momento, en la zona solo estaba el driving de Costa Salguero y nos jugamos abriendo Caix, que explotó, y después llegaron otros boliches, como El Cielo y Tequila”, explica.

Después de Caix, D’Alvia se abrió para crear La Morocha, que también fue el boliche pionero en ganar una zona para la noche porteña: la estación de tren Tres de Febrero, en el barrio de Palermo. “Siempre fui un descubridor de nuevas zonas. Es una cuestión de vibra y de creer en el potencial, pero también de estar atentos a factores como el estacionamiento, que es clave en este negocio”, explica.

Otra de las claves del negocio de la noche es anticiparse a lo que puede pasar en Buenos Aires, teniendo el radar puesto en lo que sucede afuera. “Siempre me gustó viajar para nutrirme de lo que estaba pasando afuera y, para mediados de los 90, ya se veía venir la movida de los festivales de música de la noche. Por eso nosotros fuimos los pioneros en traer a Buenos Aires a los DJ’s internacionales”, cuenta.

Diego D’Alvia: “Estuvo buenísimo pero fueron muchos años en la noche. En un momento me saturé de ir a trabajar a las once de la noche. Y desde hace tiempo ya estaba en mi cabeza hacer otra cosa” Gentileza

Con su socio de entonces, Martín Gontad, D’Alvia empezó organizando el ciclo Camel Genuine Sound en Pachá y, poco después, trajo la licencia de la Creamfields a la Argentina: estuvo detrás de las catorce ediciones locales de las fiestas electrónicas más famosas del mundo.

“Estuvo buenísimo, pero fueron muchos años en la noche. En un momento me saturé de ir a trabajar a las once de la noche. Y desde hace tiempo ya estaba en mi cabeza hacer otra cosa”, cuenta D’Alvia desde los Estados Unidos. Esa “otra cosa” es Wayku -el nombre es una palabra quechua-, un restaurante de comida sudamericana con fusión con las cocinas asiática y mediterránea, que inauguró hace poco más de un año en Wynwood (el barrio de moda en Miami), con una inversión de US$1,5 millones.

Diego D’Alvia inauguró Wayku en febrero de 2021, con una inversión de US$1,5 millón Gentileza

D’Alvia asegura que el negocio gastronómico en Miami es una carrera de largo plazo. “La forma de hacer negocios en los Estados Unidos no tiene nada que ver con la de la Argentina. En primer lugar, acá las inversiones son más a largo plazo. Para abrir de cero con una marca nueva tenés que esperar, pero los resultados llegan, en especial si respetás a las cuatro claves del rubro gastronómico: ubicación, comida, servicio y decoración”, asegura.

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