El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, es un optimista del gol.

“En momentos de crisis mundial el peronismo se une. Por eso, Alberto y Cristina se juntaron y lo harán las veces que haga falta.

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Hay que poner el foco en las coincidencias para poder tomar decisiones. Es lo que sucedió con la designación de (Silvina) Batakis, una extraordinaria funcionaria y militante, al frente del Ministerio de Economía”. El ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, es un optimista del gol. Aferrado al 10% del vaso lleno, hace lo que hay que hacer: convertir la tragedia en relato, aunque parezca un dislate, y la sensación de inmovilidad en acciones: el funcionario armó un acto para destacar “120 obras clave” que no son nuevas, pero son o serán o están en proceso de ser o, por lo menos, están en una carpeta.

Las palabras del ministro -desesperadas, loables, solitarias, hasta absurdas si se las pone bajo el prisma impiadoso de la realidad- hacen eco en el vacío de un gobierno grogui que no atina a reaccionar después de la enésima crisis que representó la renuncia de Martín Guzmán, abrupta pero esperada y, por tanto, digna de un plan de contingencia que permitiera superarla más rápidamente y con más hidalguía.

Katopodis rema en el barro -rema, aunque se note que no hay agua sino barro en el cauce del río seco del Frente de Todos- y, mal que le pese, por efecto del contraste, termina revelando con más nitidez la parálisis que lo rodea.

Un ejercicio sencillo permite medir la tonicidad del Gobierno en estas horas aciagas: la cablera (la lista de notas) de la sección Política de la agencia oficial de noticias Télam, que suele ser permeable a las gacetillas oficiales, da pena. Juan Manzur presentando a la flamante ministra de Economía, Silvina Batakis, cuatro días después de ser designada en el cargo. La propia Batakis con alguna declaración de baja intensidad con la resaca de una aparición en TN que dejó más confusión que certezas y desactivó el piloto automático de la oposición, que se conformaba con no interrumpir al oficialismo mientras se esquivocaba. El anuncio de una conferencia de Wado de Pedro en un foro de comercio y producción y el de un acto de Máximo Kirchner en el conurbano, pronóstico de más tormenta. Gabriela Cerruti denunciando “golpecitos de mercado” y peléandose con los medios. Santiago Cafiero en Indonesia, a 15.639 kilómetros de la ciudad de la furia. No mucho más. Nada.

El caso de Batakis es curiosísimo. Fue empoderada con la lapicera el domingo, se encomendó a Dios y a la Patria el lunes y este jueves, al cierre de esta nota, el pueblo argentino todavía no sabía quiénes la acompañarán en una gestión que, se suponía, no esperaría ni un día en poner en marcha a toda marcha, con gestos y pronunciamientos que dieran vuelta la página casi de un solo golpe. ¿Sabe ella quiénes integrarán su equipo o la guerra paralizante que persiste, acaso un poco más subterránea en estas horas, entre el presidente Alberto Fernández y la vice Cristina Kirchner está metiendo la cola y convirtiendo en una quimera esa ingeniería refundacional necesaria y urgente?

La falta de una maquinaria en funcionamiento pleno quedó expuesta dramáticamente este miércoles, cuando la ministra tardó una eternidad en comunicar su contacto con el FMI y la jefa del organismo, Kristalina Georgieva, la durmió y le marcó una cancha que después, cuando ya caía la noche sobre Buenos Aires, era imposible de desmontar sin entrar en fricciones demasiado precoces con semejante prestamista.

Mientras tanto, en Olivos se escuchan los pajaritos en el paisaje bucólico de la quinta presidencial, donde el jefe del Estado vive en un asialmiento que, si se recuerdan los escándalos por festejos indebidos de cumpleaños, es más estricto que el que guardó en el peor momento de la pandemia.

Desde que el lunes a la mañana, cuando el Gobierno difundió la foto del mandatario y Batakis caminando sonrientes por los jardines, no ha habido prueba de vida alguna. Ese día a la noche se dice que el Presidente cenó con CFK, pero la certeza es apenas una cuestión de fe.

¿Qué ha hecho Fernández desde entonces mientras los mercados le hacen “golpecitos”, la oposición pierde la línea, los dueños de los precios remarcan con frenesí o esconden la mercadería porque no saben cuánto deberán pagar por la que deban comprar para reestockearse y el pueblo argentino sufriente se hunde en la incredulidad y la desazón? Nadie lo sabe. O sí: en su burbuja, deja que el Gobierno zozobre a la deriva y alimenta teorías conspirativas dramáticas que llevaron a Fernando Navarro, El Chino, a caer en la trampa de desmentir la renuncia del primer mandatario sin siquiera enojarse por la pregunta.

Lo que sí anuncia Télam es un nuevo Fin de Semana Pimpinela: este viernes, Cristina en El Calafete: el sábado, Alberto en Tucumán. Si Katopodis -un albertista de primera línea que se fue corriendo al medio para evangelizar por la unidad y, acaso por eso, siempre evitó pronunciarse en favor de la reelección del Presidente- tiene razón y el peronismo se ha unido en la crisis, el domingo, el pueblo argentino sufriente podrá descansar. Si lo del ministro es un relato absurdo nacido de la desesperación, los congresales que hace 206 años declararon la independencia de la Patria se revolcarán en sus tumbas.

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