No es el avión, sino sus rutas. De vuelta en Buenos Aires, empezaron a saltar las fichas, aunque el gobierno paraguayo dijo que advirtió al argentino hace un mes sobre el avión de las sospechas. La primera ficha es que es un avión venezolano desde hace 6 meses, pero durante los 15 años anteriores operó para la empresa iraní Mahan Air. Y que uno de ellos tiene un nombre que los servicios de inteligencia agendan como miembro de Al-Quds: Gholamreza Ghasemi Abbas. En algunos de aquellos vuelos habría participado Mahan Air, donde prestaba servicio el avión que ahora espera en el hangar 5 de Ezeiza.

No es la carga sino sus tripulantes. No es el avión, sino sus rutas. La aeronave iraní venezolana disparó todas las alarmas de los servicios de inteligencia, aunque las argentinas tuvieron delay.

La nave de Emtrasur salió de Caracas, pasó por Paraguay y fue desviada hacia Córdoba por la niebla en Ezeiza, donde llegó unas horas después con una carga de repuestos para butacas de autos y… 19 tripulantes. Demasiada gente para un avión de carga.

Fue el lunes 6 de junio, justo cuando la interventora saliente de la AFI, Cristina Caamaño, le pasaba el mando a su sucesor, Agustín Rossi.

Quizá los espías argentinos estaban distraídos buscando posicionarse ante la nueva gestión, porque dos días después el avión partió rumbo a Montevideo como si nada para cargar combustible en Uruguay. Allí ni siquiera lo dejaron bajar.

De vuelta en Buenos Aires, empezaron a saltar las fichas, aunque el gobierno paraguayo dijo que advirtió al argentino hace un mes sobre el avión de las sospechas.

La primera ficha es que es un avión venezolano desde hace 6 meses, pero durante los 15 años anteriores operó para la empresa iraní Mahan Air. Según Estados Unidos, esta línea le presta logística a las temibles brigadas Al- Quds, un grupo operativo de élite encargado de hacer inteligencia en el exterior para “exportar la revolución islámica”.

Esa fuerza -que depende de la Guardia Revolucionaria Pasdaran, una especie de Estado Mayor Conjunto iraní- está acusada de participar en la organización y ejecución del atentado a la AMIA (1994, 85 muertos).

Cuando volaron la mutual judía en el barrio de Once, el jefe de Al-Quds era Ahmad Vahidi, actual ministro del Interior de Irán. Y su jefe a cargo de la Guardia Revolucionaria era Mohsen Rezai, otro jerarca iraní que este año estuvo en la asunción de Daniel Ortega en Nicaragua sin que al embajador argentino en Managua notara que eso era digno de ser denunciado.

Tanto Rezai como Vahidi -que en 2011 había estado en Bolivia con Evo Morales- siguen en las alertas rojas de Interpol, buscados por la justicia argentina. El juez Daniel Rafecas acaba de renovarlas este mes.

La segunda ficha que les saltó a los argentinos es que parte de la tripulación también era iraní. Y que uno de ellos tiene un nombre que los servicios de inteligencia agendan como miembro de Al-Quds: Gholamreza Ghasemi Abbas.

El ministro Aníbal Fernández admitió que entre la tripulación había personal que podía estar vinculado a Al-Quds y luego deslizó que podría tratarse de un homónimo.

Como fuere, no debería irse sin ser investigado.

Apenas un detalle: todo sucedió mientras Nicolás Maduro estaba en visita oficial a Irán.

El diputado Gerardo Milman (PRO) sostiene que Ghasemi Abbas formaría parte de los servicios de inteligencia de Irán y le pidió al juez del caso que les tome las huellas dactilares a los iraníes para ver si todos son quienes realmente dicen ser.

La sospecha internacional sobre los vuelos venezolano-iraníes es sobre su historial de rutas: Conviasa -la línea madre venezolana de quien depende Emtrasur- supo organizar vuelos entre Caracas, Teherán y Damasco (la capital siria) a pérdida, con sólo la mitad de las butacas ocupadas y sin más carga que los equipajes de mano.

Los servicios de inteligencia alertaron entonces sobre intercambio de personal para ser entrenado en acciones militares o como mano de obra local en supuestos atentados.

La organización terrorista Hezbolláh -a quien se adjudica proveer a los autores materiales del atentado a la AMIA- tiene posiciones fuertes cerca de Damasco.

En algunos de aquellos vuelos habría participado Mahan Air, donde prestaba servicio el avión que ahora espera en el hangar 5 de Ezeiza.

La investigación argentina sobre la AMIA describe dos veces el modo de actuar de los servicios de inteligencia iraníes en América. Están en los dictámenes del fiscal Nisman de octubre de 2006 y de mayo de 2013.

Allí se relata con minuciosidad cómo se instala una unidad de inteligencia en Buenos Aires a partir de la incursión de Mohsen Rabbani -sheik de una mezquita de Floresta- y otra en Guyana, para operar sobre el Caribe.

Según esa descripción, la de Buenos Aires termina con el atentado a la AMIA y la de Guyana planifica un atentado al aeropuerto JFK de Nueva York que es descubierto a tiempo por los agentes estadounidenses.

Abdul Kadir, sospechoso de aquel operativo, terminó condenado a prisión perpetua en un tribunal de Nueva York. Durante el proceso aparecieron sus vínculos con Rabbani, el sheik de Floresta.

Al-Quds está en la mira mundial de nuevo porque forma parte de las negociaciones entre Irán y Estados Unidos para retomar las relaciones para un acuerdo nuclear.

Ante las versiones de que Teherán pedía quitar a su fuerza de élite de la lista de organizaciones terroristas, el jefe del Estado Mayor Conjunto americano, Mark Milley, opinó ante el Senado: “Creo que la fuerza Quds es una organización terrorista y no apoyo que sean eliminados de la lista”. Fue hace sólo dos meses.

Mientras se especulaba con que otro avión de Emtrasur vendría a buscar a la tripulación venezolana -las versiones hablaban de un vuelo que llegaría a Ezeiza este martes a las 3.50-, acá la investigación recién empieza: si en la lista de pasajeros figuraban 7 iraníes y en el avión sólo había 5, ¿dónde están los otros dos?

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