La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner cerró el acto de la CTA en Avellaneda con munición gruesa para su propio gobierno. Visiblemente ofuscada, aseguró que en el país hay “un festival de importaciones”. En este sentido, aseguró que existe un escaso monitoreo sobre las activades de las empresas. Mientras discurría en críticas y frases en detrimento contra su propio gobierno, Cristina Fernández de Kirchner buscaba datos y cifras en su teléfono celular. En una contradicción que ya pareciera ser marca registrada en el régimen kirchnerista, aseguraba el daño que la falta de control de importaciones tiene en la economía argentina, mientras sostenía su propio iPhone 13 Max, valuado en más de 520 mil pesos.

La vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner cerró el acto de la CTA en Avellaneda con munición gruesa para su propio gobierno. Desde hace al menos dos meses se cristalizó su figura como una de las principales voces críticas a la gestión de Alberto Fernández, quien pareciera no estar dispuesto a hacer más que aguantar estoicamente los embates.

“Ganar las elecciones para no cambiar nada, mejor quedarse en la casa”, lanzó de cara a las elecciones del 2023 y la intención, aun no se sabe qué tan seria, de Alberto Fernández de lanzarse a una reelección.

Visiblemente ofuscada, aseguró que en el país hay “un festival de importaciones”. En este sentido, aseguró que existe un escaso monitoreo sobre las activades de las empresas. Del mismo modo, apuntó sus punzantes frases contra Miguel Pesce, titular del Banco Central, y Mercedes Marcó del Pont, titular de la AFIP.

Mientras discurría en críticas y frases en detrimento contra su propio gobierno, Cristina Fernández de Kirchner buscaba datos y cifras en su teléfono celular. En una contradicción que ya pareciera ser marca registrada en el régimen kirchnerista, aseguraba el daño que la falta de control de importaciones tiene en la economía argentina, mientras sostenía su propio iPhone 13 Max, valuado en más de 520 mil pesos.

La contradicción pareciera afianzarse en el discurso kirchnerista. A pesar de las frases de aliento a las juventudes socialistas, las remeras y las banderas en evidente oposición a los símbolos del capital y de la demonización de los Estados Unidos, no es raro encontrar dirigentes referenciados en Cristina Fernández de Kirchner viviendo en costosas mansiones en barrios cerrados, manejando vehículos importados y viajando con frecuencia a Miami.

De acuerdo a la valuación actual del mercado, un teléfono como el de CFK tiene un costo promedio de 524.300 pesos, que puede ser pagado en seis cuotas y viene disponible en cuatro colores. Como novedad, el celular viene con 1 TB de memoria interna, tiene una cámara Pro con Super Retina XDR con ProMotion que brinda una respuesta más rápida y fluida y es resistente a derrames, salpicaduras y polvos.

Mientras la vicepresidente, que percibe unos 3 millones de pesos de jubilación de privilegio, aseguraba, en uno de sus registrados discursos épicos, sentirse junto a la plebe, lo hacía ataviada con un trajecito que cuesta varias veces un salario básico. Mientras se quejaba por las importaciones, lo hacía con un teléfono importado desde los Estados Unidos en su mano y, mientras señalaba a los empresarios por “la especulación financiera” a la que son adeptos, aún se desconoce a ciencia cierta el origen de los 4,6 millones de dólares encontrados en una caja de seguridad a su propia hija Florencia quien, casualmente, no tiene trabajo.

En definitiva, el relato K en toda su extensión. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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