Argentina's Vice President Cristina Fernandez de Kirchner, waves after she was sworn in, next to the President of the Chamber of Deputies Sergio Massa, in Buenos Aires, Argentina December 10, 2019. REUTERS/Agustin Marcarian

La salida de Federico Basualdo, espada de La Cámpora en la Subsecretaría de Energía Eléctrica, se convirtió en luz verde para que el nuevo ministro de Economía tenga el camino allanado para el recorte de los subsidios.

Los socios de Frente de Todos debieron ceder algunas banderas políticas para acompañar el modelo de ajuste de las cuentas públicas que el ministro de Economía, Sergio Massa, profundizó para esquivar la crisis desatada por la falta de reservas líquidas en el Banco Central (BCRA) y el endeudamiento público con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras que el sector encabezado por la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, tuvo que aceptar la quita de subsidios que le resistió a Martín Guzmán, con un impacto en los bolsillos de los trabajadores por los aumentos de hecho en los servicios públicos; el Frente Renovador resignó que la poda también incluyera a la clase media, el electorado al que siempre dirigió sus propuestas en campaña. La Liga de las provincias, la tercera pata del frentetodismo de la presidencia de Alberto Fernández, asumió el rol de ejecutora de una política de equilibrio entre el interior del país que ya pagaba tarifas elevadas frene a los beneficios del área metropolitana de Buenos Aires.

La resistencia oficial al uso de la palabra “tarifazo” contrasta con algunos sectores dentro del mismo FdT que cuestionan el “vuelco a la ortodoxia económica”, al quedar sin un kirchnerismo que selló un acuerdo de gobernabilidad para colocar a Massa en el Palacio de Hacienda. La salida de Federico Basualdo, espada de La Cámpora en la Subsecretaría de Energía Eléctrica, se convirtió en luz verde para que el nuevo ministro de Economía tenga el camino allanado para el recorte de los subsidios. Incluso el ascenso a la Subsecretaría de Hidrocarburos de Federico Bernal, de confianza de CFK y con currículum en el Instituto Patria, demostró el alineamiento con la Fase M.

Los sectores más progresistas del FdT dejaron entrever un malestar creciente ante el respaldo en las sombras de la vicepresidenta al modelo ortodoxo que Massa puso en juego, con el objetivo de acomodar las variables financieras, para oxigenar a la coalición gobernante de cara a las elecciones de 2023. El referente de Unidad Popular y recientemente eyectado del Directorio del Banco de la Nación Argentina (BNA), Claudio Lozano, denunció que “un golpe de mercado”, para buscar una devaluación, “modificó el dispositivo de poder institucional, entregándole el centro del tablero a Massa, con el silencio, como aval, de Cristina”. Para estas tribus, que aún no rompen con el oficialismo y son críticas del Frente Renovador, se ahondará la pérdida de votos que el FdT sufrió en las últimas legislativas.

Massa, autopercibido como el el Señor de los Alivios para la clase media, con anuncios como la suba del piso del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias que logró imponerle a Guzmán en plena puja por ajuste en las cuentas públicas planteada por su antecesor hace dos meses atrás, debió echar mano en el sector en donde deposita sus esperanzas presidenciales. El plan era darle aire al poder adquisitivo de los salarios de los trabajadores de ingresos medios, que ahora sufrirán con una suba de las tarifas de los servicios públicos. La primera etapa de la segmentación sólo incluía la quita de subsidios para los sectores de mayores ingresos, pero el massismo la amplió a partir de los nuevos topes al consumo.

El rediseño de la segmentación generó inacción en Juntos por el Cambio, debido a que el avance en el recorte de las cuentas públicas y la quita de subsidios estaba en el menú que también elaboraba la coalición opositora. Según analistas del sector energético, el esquema impulsado por Massa allana el camino a los recortes que JxC tenía planificado realizar en su eventual gestión presidencial.

La presentación de la medida estuvo a cargo de la flamante secretaria de Energía, Flavia Royón, y fue acompañada, además del camporista Bernal y de la titular de Aysa y esposa de Massa, Malena Galmarini, por el nuevo subsecretario de Energía Eléctrica, Santiago Yanotti, otro representante de la Liga de las provincias. Desde el interior se ejerció una fuerte presión, tanto de gobernadores y gobernadoras como del círculo empresarial de los distritos, para reducir los beneficios tarifarios que supo mantener la región metropolitana, a pesar del costo electoral que puede pesar en la imagen en territorio bonaerense, bastión clave en las elecciones presidenciales.

El grupo de que comanda el poderío provincial es uno de los últimos reductos en los que se recuesta Fernández, que quedó descompensado ante el avance de los otros dos socios principales de la coalición gobernante: Cristina Kirchner y Massa. La referencia al mandatario de parte de Royón en la conferencia de prensa, como autor del mandato de “cuidar” a los sectores más vulnerables, dejó señales del respaldo presidencial a una medida que termina incomodando todos los sectores del Frente de Todos en partes iguales.

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