La profunda crisis económica, política y social que atraviesa el país no sólo viene haciendo estragos en el oficialismo, sino que también genera grandes interrogantes en relación al futuro de la principal coalición opositora. Milei, el martillo de MacriLPO DAILY Email: SuscribiteSi bien todavía no hay un enfrentamiento abierto como en el oficialismo, la oposición no tiene un líder de consenso. En ese espeso y tenso clima, la semana pasada Juntos por el Cambio tuvo un encuentro, que contó con la presencia de casi toda la plana mayor del espacio -a excepción de Macri-, en La Matanza. La mesa nacional de Juntos en La Matanza. Dicho de otra manera, ¿existe la posibilidad de que alguno de ellos tenga incentivos para romper Juntos por el Cambio?

La profunda crisis económica, política y social que atraviesa el país no sólo viene haciendo estragos en el oficialismo, sino que también genera grandes interrogantes en relación al futuro de la principal coalición opositora.

Mientras el oficialismo dejó atrás la etapa de los contrapuntos y desavenencias internas para pasar directamente a un enfrentamiento abierto que afecta la gobernabilidad y horada la autoridad presidencial, Juntos por el Cambio no ha logrado aun ordenar una disputa por el liderazgo que, por momentos, alcanza niveles de intensidad -y ferocidad- no tan alejadas de lo que sucede al interior del Frente de Todos.

Milei, el martillo de Macri

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Si bien todavía no hay un enfrentamiento abierto como en el oficialismo, la oposición no tiene un líder de consenso. Por momentos la disputa por el liderazgo de Juntos tiene niveles de intensidad comparables a los del Frente de Todos

Las suspicacias, recelos y desconfianzas mutuas se han instalado en el corazón del “círculo rojo” de una coalición que, ante cada discusión importante de la agenda pública, pone a prueba su propia integridad y existencia, evidenciando en muchos casos una evidente fragilidad. El debate del acuerdo con el FMI, el nombramiento de los miembros del Consejo de la Magistratura, la posibilidad de un acuerdo con los libertarios de Javier Milei y la crisis de la mesa bonaerense del espacio, son sólo algunos de los ejemplos más recientes tanto de la falta de acuerdos básicos en torno a los lineamientos programáticos del espacio como de la carencia de mecanismos institucionales internos para procesar las diferencias internas.

Así las cosas, el espacio ha comenzado a desandar el camino hacia el proceso electoral de 2023 sin un líder de consenso, sin un posicionamiento claro, ni un perfil ideológico nítido. El tradicional enfrentamiento entre “halcones” y “palomas” del PRO ya no alcanza para explicar el mapa de actores y alianzas internas, ni siquiera para ordenar los posibles presidenciables. Es que, envalentonados con la posibilidad que hasta hace muy poco tiempo atrás parecía utópica, la de retornar a la Casa Rosada, se sumaron nuevos nombres a la lista que integraban Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. A ellos no sólo se suman Gerardo Morales y Facundo Manes, referentes de un envalentonado y revitalizado radicalismo que no quiere ser “furgón de cola” de la coalición, sino también Mauricio Macri y María Eugenia Vidal -los dos grandes perdedores de las elecciones 2019-, lo que es una evidencia más de la profundidad de una crisis que no sólo es económica y social, sino también de credibilidad y legitimidad de la clase dirigente.

El tradicional enfrentamiento entre “halcones” y “palomas” del PRO ya no alcanza para explicar el mapa de actores y alianzas internas, ni siquiera para ordenar los posibles presidenciables.

En medio de un clima tenso, Larreta abandonó su idea de centrarse en la gestión y comenzó a adelantar algunos de los ejes de una eventual presidencia en 2023

En un escenario sumamente volátil, donde la desconfianza está tan generalizada, la incertidumbre se consolida, las ambiciones personales arrecian, y el riesgo evidente es el de seguir procrastinando y mirándose al ombligo frente a los grandes problemas de un país que atraviesa una crisis inédita por su profundidad y multicausalidad.

En ese espeso y tenso clima, la semana pasada Juntos por el Cambio tuvo un encuentro, que contó con la presencia de casi toda la plana mayor del espacio -a excepción de Macri-, en La Matanza. Fue un acto de alto valor simbólico, no sólo por el peso electoral del distrito elegido, su carácter de bastión peronista y su centralidad en la siempre difícil dinámica del conurbano bonaerense, sino porque allí pareció ensayarse una respuesta a las críticas en torno al futuro de la coalición. La foto del encuentro respondió a la preocupación de algunos de los dirigentes más racionales del espacio, conscientes de es imprescindible aplacar el alto nivel de internismo para evitar que la coalición opositora proyecte una imagen similar al gobierno.

La mesa nacional de Juntos en La Matanza.

El Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, esta semana finalmente movió sus fichas, dejando atrás la estrategia de refugiarse en la gestión. Consciente de que esa maniobra no sería suficiente como estrategia de acumulación política para la construcción de una candidatura presidencial competitiva, ya había comenzado a recorrer sigilosamente algunos puntos del conurbano y del interior país. Ahora, dio un paso más para salir del letargo en que se sumió tras las elecciones legislativas del año pasado, y que por momentos, pareció erosionar el posicionamiento privilegiado como candidato natural del espacio que otrora supo ostentar.

Así, Larreta habló en los medios de la importancia de “fijar el rumbo” para los primeros 100 días de la futura administración de gobierno, y se pronunció a favor de una reforma laboral y previsional. También adelantó su posición en relación a las retenciones, YPF y Aerolíneas Argentinas, buscando transmitir que tiene un “plan”.

Rodríguez Larreta dejó atrás la estrategia de refugiarse en la gestión. Consciente de que esa maniobra no sería suficiente como estrategia de acumulación política para la construcción de una candidatura presidencial competitiva, dio un paso más para salir del letargo en que se sumió tras las elecciones legislativas del año pasado, y que por momentos, pareció erosionar el posicionamiento como candidato natural del espacio.

Si bien el pronunciamiento fue festejado por su entorno y por parte del establishment -que siempre lo vio con buenos ojos-, también deja en evidencia el carácter endeble de la coalición. Las preguntas, se imponen, ¿las ideas de Rodríguez Larreta son compartidas por el resto de sus socios?, ¿se está trabajando en consensuar un proyecto económico viable para presentar ante la sociedad?, ¿cuándo y cómo se definirán las reglas de juego para que la competencia interna no se convierta en un enfrentamiento fratricida?.

Con tantos pretendientes del “sillón de Rivadavia” ¿hasta dónde están dispuestos a llegar?. Dicho de otra manera, ¿existe la posibilidad de que alguno de ellos tenga incentivos para romper Juntos por el Cambio? Y, siguiendo el razonamiento, ¿tendría en ese caso posibilidades de erigirse en una opción competitiva por fuera de ese esquema, ya sea en alianza con otros actores hoy en el oficialismo o con algún emergente de la nueva derecha libertaria?

Evidentemente, todos estos interrogantes dan cuentas de las dificultades que Juntos por el Cambio tiene, y tendrá, para superar la profunda desconfianza instalada, definir un programa de gobierno consensuado y un perfil político con contornos nítidos y, en definitiva, exorcizar los fantasmas de una posible ruptura.

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