La fuerte incertidumbre económica y financiera que generó la sorpresiva renuncia de Martín Guzmán puso en guardia a Juntos por el Cambio. El terremoto político en el oficialismo y la fuerte crispación social los empujaron a moverse con cautela y disimular las tensiones internas por el armado electoral.

El martes a la tarde, mientras se derrumbaban los bonos y se disparaba el dólar por la crisis política en el Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, dos referentes de Juntos por el Cambio que aspiran a competir por la presidencia en 2023, organizaron una cumbre reservada en el restaurante Pizza Cero, sede habitual de las reuniones políticas del alcalde porteño, con dos de los economistas más escuchados en Pro y la UCR: Hernán Lacunza y Eduardo Levy Yeyati. Larreta y Morales reaccionaron con pesimismo tras escuchar el pronóstico de sus invitados. Por esas horas, Mauricio Macri, quien se enteró de la designación de Silvina Batakis como ministra de Economía mientras tomaba un café con Elisa Carrió en su casa de Acassuso, evaluaba el cuadro de situación en comunicación permanente con Lacunza, Guido Sandleris y Luciano Laspina, entre otros. El expresidente también lució “muy preocupado” tras esos contactos. Desde Oxford, en Inglaterra, Patricia Bullrich no ocultaba su inquietud por el tembladeral económico.

La fuerte incertidumbre económica y financiera que generó la sorpresiva renuncia de Martín Guzmán puso en guardia a Juntos por el Cambio. Atónitos por el “impredecible” desenlace de la feroz disputa entre facciones del Frente de Todos y alertas por el creciente deterioro de la economía y una eventual crisis institucional, los referentes del conglomerado opositor redoblaron esfuerzos para exhibir una postura unificada . El terremoto político en el oficialismo y la fuerte crispación social los empujaron a moverse con cautela y disimular las tensiones internas por el armado electoral. “Nosotros también escuchamos las campanas. Hay que actuar con prudencia y de la manera más uniforme posible. No podemos contagiarnos de la anarquía del Gobierno”, dice uno de los jerarcas de la UCR. Una de las espadas de los “halcones” de Pro describe el clima interno con mayor dramatismo: “No hay margen para mostrar fisuras; la gente nos va a matar”.

Hoy, a las 18, los presidentes partidarios del espacio se reunirán vía Zoom para definir la hoja de ruta frente a la crisis. Estarán Bullrich (Pro), Morales (UCR), Maximiliano Ferraro (CC) y Miguel Ángel Pichetto (Encuentro Republicano Federal). En la cúpula de la fuerza evalúan convocar a una reunión presencial de la mesa nacional para el próximo miércoles para monitorear la delicada situación financiera junto con los referentes económicos de JxC.

En el seno de la coalición opositora evalúan con incertidumbre el devenir de la crisis política y económica. Desde el fin de semana pasado, cuando Guzmán pegó el portazo, optaron por tomar una distancia prudencial del Gobierno: niegan contactos con el oficialismo y repiten que el ámbito de diálogo será el Congreso, después de que funcionarios nacionales sugieran la necesidad de buscar un acuerdo con la oposición para superar la tormenta. Machacan con que la responsabilidad de la gestión es del Ejecutivo, a quien exigen un plan de estabilización y que proponga un rumbo. En rigor, temen una jugada del kirchnerismo para buscar sostén en JxC y compartir costos políticos. “No estamos para ningún abrazo del oso”, avisan desde la conducción del espacio.

Mauricio Macri y Patricia Bullrich

Después del aval en el Congreso al acuerdo con el FMI por la deuda, una discusión que generó heridas en JxC, los jefes opositores toman precauciones ante los incipientes llamados al diálogo del Gobierno para un “salvataje”: “Primero que se pongan de acuerdo ellos. La respuesta institucional ya la dimos cuando votamos para que negocien con el Fondo, un acuerdo que incumplieron”, dice uno de los referentes económicos de la fuerza.

Duro pronóstico

Mientras los líderes opositores temen que la crisis ingrese en una espiral y se mueva con “autonomía” -es decir, se vuelva ingobernable-, los economistas de JxC describieron un “escenario complejo” a sus aliados. Alertaron a las máximas autoridades sobre “el deterioro” que sufrió la economía durante los últimos veinte días y sobre el riesgo de que el país caiga en una “superinflación”, no en una “hiper”. “Una corrida puede durar cuatro semanas, no ocho”, advirtió una de las espadas económicas de Pro que habla con Larreta y Macri. Ayer, en el locro que organizó el Pro por el Día de la Independencia, el alcalde comentó que hasta ahora la gestión de la Ciudad había logrado sobrellevar la turbulencia financiera, pero lució inquieto por la fuerte incertidumbre y los rumores que brotan desde la Casa Rosada. Si bien son cautos, en el larretismo ya especulan con un eventual adelantamiento electoral. “La gente ya no llega al fin de semana. Acá no hay plan; no sé qué va a pasar el lunes”.

Reunión de la mesa nacional de Juntos por el Cambio

En la UCR, donde tienen ascendencia los economistas Levy Yeyati y Alfonso Prat-Gay, consideran que la reacción de los mercados a la designación de Batakis fue “previsiblemente defensiva, dada la acefalía económica, la falta de rumbo y el empecinamiento del kirchnerismo en devorar a su propio gobierno”. “Al inversor y al ahorrista les cuesta entender qué pretenden, y si lo que no gustaba de Guzmán era solo algo personal o la pretendida prudencia fiscal”, señala uno de los asesores económicos del radicalismo. Temen, sobre todo, que “la actitud defensiva de los mercados devenga en un pánico irreversible”.

A la vista del panorama actual, advierten que el Gobierno “no tiene margen para seguir expandiendo el gasto y atrasando el tipo de cambio a expensas de las reservas o de una recesión que no tardará en erosionar los ingresos fiscales”. Para los referentes económicos de la UCR, “el cepo tan estricto sobre los pesos reduce el riesgo de hiperinflación, pero no lo elimina”. “Hay espacio para una aceleración importante, con costos sociales enormes”, aventuran. En el macrismo dicen que el cepo cambiario y la red de planes sociales mitigan la amenaza de un estallido social, pero hay inquietud por el “deterioro precipitado” de la economía: “Un día el agua hierve, pero esperemos que baje la inflación”, augura uno de los asesores económicos de Pro.

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