La cifra duele porque muestra es la cara más triste de la inflación.

La cifra duele porque muestra es la cara más triste de la inflación. Más de un millón de chicos dejaron de hacer alguna de las comidas diarias por falta de dinero en sus hogares. En el último año, el 7% de los niños y adolescentes que viven en el país no pudieron desayunar, almorzar, merendar o cenar porque en su casa no había con qué comprar alimentos, una situación que también afecta a tres millones de adultos. Los datos surgen de una nueva encuesta presentada este mediodía por Unicef. La insuficiencia en los ingresos también generó una reducción del 67% en el consumo de carne y del 40% en la ingesta de frutas, verduras y lácteos en la dieta de los menores. En cambio, creció un 20% el consumo de alimentos como fideos, harina y pan.

La inestabilidad laboral y la insuficiencia en los ingresos de los hogares con chicos son los principales determinantes de esta situación, de acuerdo con la Encuesta rápida sobre la situación de la niñez y adolescencia 2022 de Unicef, representativa de la totalidad de los hogares con niños, niñas y adolescentes en el país, y comparable con los relevamientos realizados por la entidad durante 2020 y 2021.

Según este relevamiento, uno de cada tres hogares no pueden cubrir sus gastos corrientes más básicos y el 50% no puede solventar los gastos escolares, entre ellos la compra de libros y útiles.

“Después de cinco encuestas pandémicas quisimos saber cuáles eran las estrategias en los hogares para suplir la caída de ingresos”, explica Sebastián Waisgrais, especialista en inclusión social de Unicef Argentina. Básicamente, explica, las familias de clase media se endeudan para llevar alimentos a su mesa y los hogares pobres saltean comidas. “Los resultados del estudio muestran que hay un declive de la clase media, en la que la insuficiencia de ingresos genera la necesidad de usar ahorros o endeudarse para mantener condiciones de vida mínimas para la niñez, mientras que en aquellos hogares ya situados en la pobreza el resultado es la falta de un plato de comida”, señaló Waisgrais.

“Los que cuentan con tarjeta de crédito, la usan para comprar alimentos, muchos sacaron créditos para pagar cuestiones básicas. En cambio, quienes están por debajo de la línea de la pobreza utilizaron como estrategia el saltear comidas”, explica.

Esta es la primera vez que se introduce la pregunta sobre las familias que saltean comidas por la situación económica, por eso no es posible medir si el número aumentó.

“La reducción en la compra de alimentos tiene un efecto no solo en la situación nutricional, sino que su impacto es mayor. Hay una cadena de implicaciones. En los hogares en los que no se accede a los consumos básicos, también aumentó la cantidad de adolescentes que salieron a buscar trabajo y aumentó la deserción escolar”, explicó Olga Isaza, representante adjunta de Unicef.

Estrategias para sobrevivir

Según el relevamiento, el 50% de los hogares no pueden solventar los gastos escolares, entre ellos la compra de libros y útiles. En el caso de las familias que tienen algún programa de protección social, llega al 65%. Además, la falta de recursos también está condicionando el acceso a la salud: los miembros de uno de cada cuatro hogares dejaron de ir al médico o al odontólogo y casi un 20% suspendieron la compra de medicamentos.

Cuando se indagó acerca de cómo se trasladaba la deuda que generaba la falta de recursos, un 30% dijo que tuvo que recurrir a ahorros o al pedido de dinero a familiares para poder hacer frente a necesidades básicas. Ante la falta de recursos, “el 20% de los hogares recurrió al endeudamiento, principalmente con la Anses, con un crédito bancario, o apeló a prestamistas informales, situaciones que ocasionan presiones adicionales sobre los ingresos disponibles”, explica el informe.

“El riesgo de inseguridad alimentaria también se refleja en el hecho de que el 36% de los hogares con chicas y chicos dejaron de comprar algún alimento por no tener dinero”, apunta el informe. Llega al 50% en hogares que reciben la Asignación Universal por Hijo (AUH), la Tarjeta Alimentar, hogares numerosos, con jefatura femenina o endeudados.

Qué pasa con quienes reciben planes

La encuesta apunta que el 55% de los hogares con niños es alcanzado por alguna medida de protección social. “El sistema de protección de ingresos sigue siendo un pilar central para proteger a las familias en situación de mayor vulnerabilidad”, dice el informe. “Sin embargo, el 65% de los que reciben la AUH dicen que les alcanza para menos de la mitad de los gastos. Está la ayuda, pero es escasa”, indicó Waisgrais. De hecho, una de las recomendaciones que se hicieron tras el informe es actualizar los montos con mecanismos que permitan paliar la caída real del poder adquisitivo de esos pagos.

“Esta mañana visitamos un comedor en Villa Soldati y allí, al hablar con los vecinos, uno comprueba que los resultados que arroja la encuesta son reales. Esta es la realidad hoy de miles de familias”, advirtió Luisa Brumana, representante de Unicef Argentina.

El informe advierte de otros impactos sobre la niñez y la adolescencia que preocupan a los especialistas. Entre ellos, que el 50% de los hogares considera que los niños y adolescentes finalizarán el nivel en curso con menos aprendizajes de los que deberían haber logrado. Y el 50% de los adolescentes señala que los aprendizajes en este año escolar fueron escasos.

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