Es por eso que fuentes relacionadas a la AFI afirmaron que Milani podría volver a tener influencia en el espionaje nacional.Ocurrió ya desatada la invasión de Rusia en Ucrania, momentos en los que los jefes de la agencia con sede en Langley, no suelen perder tiempo en reuniones más sociales que profesionales.Fue la jefa de la AFI más “desopilante” de la historia, en el sentido negativo y no risible de ese adjetivo.El organismo, que debe trabajar bajo el secreto y la confidencialidad, se transformó de pronto en lo contrario.Aunque la renuncia de Kulfas y la interna entre Presidente y vice tape la novedad, es el nuevo hombre fuerte de la política nacional, con llegada segura a la Justicia y otros ámbitos.

Alberto Fernández pensó el viernes que ayer sería un día un distinto. En lugar de despedir de modo sorpresivo a uno de sus ministros de mayor confianza, Matías Kulfas, de Producción, su plan era oficializar un nombramiento de uno de sus principales aliados del peronismo, Agustín Rossi, como nuevo titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), un organismo clave y con capacidad de impactar con modos variables en los ámbitos de poder de la Argentina, sumados a los nexos invariables que genera ese cargo con países diversos. Rossi reemplazará a quien llegó al servicio secreto nacional en calidad de interventora, Cristina Caamaño Iglesias Paiz, con el objetivo de “transparentarlo”.

Su gestión pasará a la historia del espionaje como un gran enredo con consecuencias graves y hasta ridículas para el funcionamiento del trabajo de los agentes de Inteligencia. Caamaño Iglesias Paiz respondía a los Kirchner y permitió el ingreso de cientos de nuevos agentes, sin experiencia en un rubro tan sensible, solo porque militan en la agrupación La Cámpora. Hace más de dos meses que el Presidente decidió que Rossi sería el nuevo Secretario de Inteligencia, le consta a Clarín de fuentes gubernamentales de confianza total del Jefe de Estado.

La caída de Kulfas opaca, al menos en los medios, la novedad que significa que Rossi quede al mando del Sistema Nacional de Inteligencia. El dirigente de Santa Fe fue dos veces ministro de Defensa en gestiones K. La primera con Cristina Kirchner como Presidente. La segunda con Alberto Fernández al frente del Poder Ejecutivo.

Entre el 2013 y el 2015, defendió en público al polémico jefe de las Fuerzas Armadas K, César Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani, general, ahora retirado, quien provenía del área de Inteligencia del Ejército.

Fue acusado de montar un aparato de espionaje “paralelo” que habría funcionado para obtener información sobre objetivos elegidos por la entonces presidenta Kirchner por su calidad de “enemigos” del proyecto “nacional y popular”.

Milani renunció bajo mando en Defensa durante la gestión Rossi, acosado por denuncias y juicios en los que fue procesado por cometer probables delitos de lesa humanidad durante la dictadura, y también por haberse enriquecido de modo ilegal. Fue sobreseído respecto a su rol como represor del Ejército de Jorge Rafael Videla. Rossi lo defendió ante la opinión pública hasta que su caída fue inevitable. La relación entre ellos renació en el último tiempo. Es por eso que fuentes relacionadas a la AFI afirmaron ante Clarín que Milani podría volver a tener influencia en el espionaje nacional.

Ayer, en el mundo siempre inasible de las verdades del espionaje, versiones de profesionales de la Inteligencia indicaban que la posibilidad de una “vuelta” de Milani era concreta.

Ocurre que Rossi, en su última gestión en Defensa, permitió que su primo hermano, Sergio Rossi, quien ocupaba el cargo de Secretario de Estrategia y Asuntos Militares, contrató por el término de dos años a la mano derecha de Milani en la dirección de Inteligencia del Ejército. Se trata del Coronel (RE) Marcelo Granitto.

Clarín fue quien difundió esa información tras solicitar una pedido de acceso a la información pública, logrando así que el Gobierno admite en un documento oficial ese asesoramiento de un cuadro del espionaje militar en un área clave de Defensa.

Las denuncias del aparato de Inteligencia “paralelo” que creó Milani fueron realizadas no solo por dirigentes de la oposición, sino también por ex jefes de relevancia de la hoy llamada AFI. El espía más emblemático de la Argentina, Antonio Stiuso, ex director general de Operaciones del organismo, declaró en una causa judicial que investigaba esa trama oculta de un submundo que manejó fondos multimillonarios desde el Estado en la Justicia, cómo funcionaba el sistema de Inteligencia de Milani.

Clarín accedió a esa declaración. Stiuso afirmó que “en la Dirección General de Operaciones que yo integraba, teníamos los equipos fijos y móviles para detectar las valijas, que existían y que realizaban escuchas telefónicas clandestinas”, afirmó en el principio de su exposición en la fiscalía de Carlos Stornelli, y siguió: “Uno de los puntos que detectamos en los que se encontraban esas valijas era el Edificio Libertador (sede de la Jefatura de las Fuerzas Armadas)”. Y ahondó respecto a la interna feroz que desató entre Milani y los agentes de la hoy llamada AFI: “En este caso lo único que podíamos hacer era protegernos porque los puntos donde nos marcaban que estaban las valijas eran dentro del Ejército”. Stiuso también declaró bajo juramento que un ex ministro de Defensa K, Arturo Puricelli, quien fue reemplazado por Agustín Rossi, le confesó al entonces subsecretario de Inteligencia Francisco Larcher que “él no manejaba nada en el ministerio, y que todo lo manejaba Milani, aunque todavía no era jefe del ejército, si no subjefe”. Para Stiuso, Milani montó “una estructura de Gobierno clandestino”.

Más allá de la posible vuelta de los espías entrenados por Milani pero ahora a cargos en la AFI, Rossi dejó en su última gestión en el ministerio de Defensa un alto grado de satisfacción, apoyo y gratitud entre las Fuerzas Armadas. Logró mejoras presupuestarias y de equipamiento, entre otras variables positivas para las FF.AA.

Su nuevo cargo a la AFI le da ahora un enorme poder.

Rossi empezó a influir en el Presidente de modo cada vez más intenso, una vez terminadas las elecciones, que perdió en la interna santafesina contra la lista del gobernador Omar Perotti.

No solo organizó un acto de apoyo al Presidente en medio de los peores momentos de su interna contra la vice Kirchner.

También obtuvo espacios de poder interno como cuando, tras la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de Diputados del oficialismo, fue uno de sus dirigentes más cercanos, Germán Martínez, quien reemplazó al primogénito de los K en el puesto de líder parlamentario de la bancada peronista.

De acuerdo a las fuentes consultadas que trabajan o trabajaron en Inteligencia, Rossi será bienvenido en “la casa”, como le llaman los espías a su lugar de trabajo.

Ocurre que la intervención de Cristina Caamaño Iglesias Paiz fue un padecimiento absoluto para los agentes de carrera del organismo. La enorme mayoría de ellos renunciaron a su oficio debido a no solo la estigmatización que el Gobierno logró instalar sobre los agentes del servicio secreto, generalizando de modo negativo como si todos ellos fueran desleales a la Constitución Nacional o deshonestos, si no porque la novedosa interventora cometió una serie de errores increíbles para un cargo de la relevancia y sensibilidad como el que ocupaba.

La ahora ex interventora Caamaño Iglesias Paiz volvió hace poco tiempo de un viaje a los Estados Unidos. Fue recibida por las autoridades de la CIA, la agencia de Inteligencia de ese país. Ocurrió ya desatada la invasión de Rusia en Ucrania, momentos en los que los jefes de la agencia con sede en Langley, no suelen perder tiempo en reuniones más sociales que profesionales. A pesar de esa vinculación última con la CIA, Caamaño Iglesias Paíz dejó su puesto. Fue la jefa de la AFI más “desopilante” de la historia, en el sentido negativo y no risible de ese adjetivo. El organismo, que debe trabajar bajo el secreto y la confidencialidad, se transformó de pronto en lo contrario.

La interventora usó la web oficial para difundir qué equipamiento se compraba para ayudar a las fuerzas de seguridad, con fotografía incluida; le dio acceso a documentación, aunque ya tirada a la basura y triturada, a cartoneros vinculados a Juan Grabois cuando esos papeles son observados con absoluto cuidado por los servicios secretos de cualquier potencia mundial debido a que justamente pueden servir para reproducir información secreta. Y más: anunció que los espías pasarían a cobrar su sueldo con nombre y apellido real y mediante cuentas bancarizadas, lo que pone en riesgo su seguridad frente a enemigos diversos. Caamaño Iglesias Paíz, sin embargo, cometió un gran “error” totalmente extraordinario.

En una de las tantas causas judiciales en las que denunció que durante la gestión de Mauricio Macri se realizaba espionaje ilegal, entregó a fiscalía de Cecilia Incardona el libro de actas de la AFI, en el que se encontraban escritas todas las novedades del organismo, incluidos nombres verdaderos de agentes y sus destinos en el país y el extranjero. Desnudó así a todo el personal de Inteligencia, que por esa filtración empezó a ser no solo identificado después de años de mantenerse, como se debe, bajo el anonimato, si no que también provocó que deban volver a Buenos Aires espías destinados a países de alta sensibilidad para la obtención de información clasificada. Ni siquiera el peor enemigo de un servicio secreto internacional dañó alguna vez, con una operación pensada y concretada, al mundo del espionaje nacional como pasó con esa filtración autoprovocada.

La Justicia la imputó como autora de un posible delito, pero fue sobreseída. Ella sostuvo en su defensa que la responsabilidad de esa infiltración notable debía buscarse entre las autoridades de la Justicia a quien le entregó esa información. Si su tesis fuera cierta, entonces los investigadores del supuesto espionaje ilegal en el país terminaron por destruir al aparato del espionaje legal.

La interventora que será reemplazada por Rossi solía hacer declaraciones públicas en las que revelaba ella misma detalles internos de la AFI, como la cantidad de agentes con los que contaba, o las reparaciones edilicias que se hacían en la sede central, con una verborragia insólita. Las potencias del mundo suelen gastar millones de dólares para proteger esos datos de alta sensibilidad.

Su era dislocada al frente del espionaje nacional tuvo consecuencias nunca antes vistas en un organismo en el que todo ya se vio. Entre ellas, renuncias masivas de agentes, muchos de los cuales le iniciaron juicios porque tras sus acciones o confesiones entienden que sus vidas corren peligro.

A esa AFI llega Agustín Rossi.

Aunque la renuncia de Kulfas y la interna entre Presidente y vice tape la novedad, es el nuevo hombre fuerte de la política nacional, con llegada segura a la Justicia y otros ámbitos.

A partir de ayer es el nuevo “Señor 5”, el jefe de los espías de acuerdo a la jerga de ese oficio siempre enigmático.

Conocerá lo que pocos en la Argentina.

Esa información, la más delicada y peligrosa, si es que hace bien su trabajo, no se conocerá nunca.

O solo dentro de muchos años.

Así ocurre cuando la documento de Estado lleva el sello característico de los espías profesionales: “Estrictamente Secreto y Confidencial”.

Leave a Reply