El resultado: el BID ampliará el financiamiento para la Argentina en un momento crítico para la economía.

Borrón y cuenta nueva. Luego de una seguidilla de cruces y cortocircuitos, el ministro de Economía, Sergio Massa, y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Mauricio Claver-Carone, quien ha tenido una relación tirante con el oficialismo, intercambiaron elogios, dieron vuelta la página y abrieron una nueva etapa en la relación de la Argentina con el organismo multilateral, una de las principales fuentes de fondos frescos del país. El resultado: el BID ampliará el financiamiento para la Argentina en un momento crítico para la economía.

Massa y Claver-Carone acordaron elevar los créditos del BID a la Argentina a un total de casi US$5000 millones para este año y el próximo. Los préstamos atados al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que sumaban US$800 millones y estaban trabados por Claver-Carone, se ampliaron a US$1200 millones de libre disponibilidad que llegarán antes de fin de año para reforzar las reservas, indicaron fuentes oficiales. Además, se acordó trabajar en nuevos programas por casi US$1933 millones para este año, y por otros US$1800 millones para el año próximo.

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El acuerdo forjado por Massa y Claver-Carone marcó un notable cambio en la relación de la Casa Rosada con el presidente del BID. Hace apenas dos meses, Claver-Carone, quien criticó la política económica “érratica” del Gobierno, había publicado una dura carta en el periódico The Wall Street Journal fustigando el “historial financiero tumultuoso” del país y exigió el cumplimiento de las metas con el FMI y que los fondos tengan “un impacto en el desarrollo” para liberarlos. La misiva cayó muy mal en el Gobierno, aunque no hubo respuesta pública.

Esta vez, todo fueron elogios.

“ Creo que si la misión del Ministro era venir a destrabar lo que era no solamente la relación, pero operativamente el programa con el BID, podemos decir que el ministro tiene la misión cumplida. Hemos podido destrabar lo que estaba trabado y ver cómo no solamente lo destrabamos sino lo aumentábamos, y con una vía directa”, dijo Claver-Carone, con un Massa sonriente a su lado.

Claver-Carone dijo ahora que el Gobierno tiene una “política macroeconómica cohesiva”, que tuvo una “muy buena reunión” con Massa, y que la Argentina ahora habla con “una voz” cuando antes –presumiblemente, durante la gestión de Martín Guzmán y Gustavo Beliz, ambos afuera del Gobierno– “se cruzaban los cables” y “no había claridad”.

“Vamos a traer credibilidad a los mercados. Ha habido una falta de credibilidad”, dijo Claver-Carone. “Ahora podemos hablar claramente, honestamente y poderlo hacer con una voz, y que el gobierno argentino hable con una voz, para mí ha sido muy importante”, insistió.

Massa le dio una palmada en la espalda y devolvió el gesto: “Simplemente agradecerle a Mauricio porque además ha sido desde el primer momento que asumimos muy generoso, se puso a disposición, y realmente el paso que damos hoy es un paso muy importante para la Argentina y para el trabajo que tenemos que llevar adelante en la relación con el BID”.

Reuniones clave

Bajo una lluvia copiosa, Massa arrancó su paso por Washington con un primer día muy fuerte y tres reuniones de alto nivel.

Massa se moverá en Washington con una agenda casi calcada a la que el embajador, Jorge Argüello, armó para Silvina Batakis a mediados de julio. A diferencia Batakis, Massa trae más caudal político y un fuerte ajuste ajuste a la capital norteamericana. Su llegada al Palacio de Hacienda generó expectativa, aunque sin llegar a despejar del todo el profundo escepticismo que reina hacia la Argentina. Massa ganó tiempo y es el primer Ministro de Economía con envergadura propia y el control total de la botonera, algo que Martín Guzmán y Silvina Batakis no tenían. Pero los problemas son los mismos, y algunos, como la inflación, han empeorado marcadamente. Economistas y analistas de Wall Street mostraron frustración ante la ausencia de un plan de estabilización integral luego de los primeros anuncios de Massa, a los que el banco de inversión J.P. Morgan describió como un “esfuerzo de curita”, una mirada extendida. La ausencia de ese plan integral y la crispación política que late en Buenos Aires son las principales preocupaciones entre quienes miran a la Argentina.

La primera parada de Massa fue el Departamento de Estado, en el barrio Foggy Bottom, ubicado entre el río Potomac, la Casa Blanca y el tradicional Mall de la ciudad. Massa fue recibido por Zúñiga, un diplomático de carrera que ocupa un espacio saliente en el equipo de Biden que lleva los vínculos con América Latina. Biden le dio a Zúñiga una tarea sensible: es el Enviado Especial para el Triángulo Norte –Guatelama, Honduras y El Salvador– y trabaja estrechamente con la Casa Blanca en el plan para frenar la migración desde Centroamérica, un problema candente en la política norteamericana.

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