Llama la atención el crecimiento abrupto en el segundo trimestre del año, y cuesta encontrar parangón entre la dinámica importadora y el nivel de actividad económica.

Inusual. El crecimiento que registran las importaciones desde el mes de marzo.

Sucede cada vez que la vice presidenta decide hablar. La agenda queda signada por sus definiciones en los días subsiguientes. En especial la agenda oficial.

Es llamativo. Cristina Fernández de Kirchner asume una postura cada vez más parecida a la de la oposición. Aquella que relata los hechos desde afuera, como si ella misma no fuera parte de esa gestión de gobierno a la que critica. Como si no hubiese sido su propia lapicera la que postuló a Alberto Fernández para ocupar la primera magistratura.

El discurso del pasado lunes durante un acto por el día de la bandera organizado por la CTA, no fue la excepción. La vice presidenta cargó contra los mismos movimientos sociales a los que el propio kichnerismo empoderó desde 2003. Una rémora de aquel acto por el día del trabajador en 1974, cuando Juan Domingo Perón expulsó a los movimientos de izquierda de la Plaza de Mayo. La misma izquierda que le había sido funcional para su regreso desde el exilio.

No obstante, la frase que más golpeó el pasado lunes, fue aquella donde la vice presidenta habló de las importaciones. Al igual que durante el aniversario de YPF, volvió a señalar las dificultades para acumular reservas. El eufemismo “Festival” de importaciones, supone una fiesta. Incluso cierto descontrol.

Precisamente eso fue lo que reclamó Cristina. Más control. Lo graficó en la necesidad de una mejor coordinación entre el Banco Central, la Aduana y el Ministerio de Desarrollo Productivo, los tres organismos del Estado que intervienen en las operaciones de compra al exterior.

“No hay festival de importaciones en la Argentina, crece el número de importaciones por el crecimiento industrial. La actividad industrial creció el 8,1% en mayo y 4.1% por encima del mismo mes de 2019; esto hace que crezca la necesidad de importaciones”. Tal fue la respuesta oficial a la crítica oficial. A través de la vocera presidencial Gabriela Cerrutti, el presidente Alberto Fernández le contestó a su vice.

Lo cierto es que las importaciones son en 2022 inusualmente altas. Mucho más altas que en el promedio de la última década. Llama la atención el crecimiento abrupto en el segundo trimestre del año, y cuesta encontrar parangón entre la dinámica importadora y el nivel de actividad económica.

Números extraordinarios

Promediando el primer cuarto de Siglo XXI y con el modelo capitalista como sistema hegemónico a nivel global, no existe país sobre la faz de la Tierra que pueda subsistir únicamente con lo que produce fronteras adentro.

Las importaciones son parte esencial del consumo, la producción y la inversión de un país.

Es imposible no importar. Con tal premisa, vale analizar en detalle cómo se componen las importaciones argentinas, y cuál es el motor que lleva al crecimiento extraordinario de las compras al exterior en 2022.

El informe acerca del Intercambio Comercial Argentino que publicó el Indec este miércoles da cuenta de un incremento récord de las importaciones en mayo, cuando las mismas alcanzaron los u$s 7.870 millones. Implica una suba del 53,1% respecto al mismo mes de 2021 y un incremento del 44,2% en los primeros meses de 2022 respecto a igual periodo del año pasado.

El mismo informe revela la composición de las importaciones. De allí surge que el conjunto de los bienes que la industria necesita traer desde fuera del país para poder funcionar, representa casi 3 de cada 4 dólares que se pagan por compras al exterior.

En efecto, la suma de Bienes de Capital, Bienes Intermedios (insumos) y Partes y Piezas para Bienes de Capital representa el 71,63% de los u$s 32.722 millones que se importaron entre enero y mayo de este año.

Los datos arrojan que el nivel de importaciones crece aceleradamente desde marzo, al tiempo que el nivel de actividad económica se modera. No hay relación lógica.

La correlación natural entre nivel de actividad e importaciones, indica que en épocas de fuerte crecimiento económico las compras al exterior aumentan de la mano de los requerimientos de la industria, mientras que en momentos de desaceleración, las mismas se moderan.

Allí es donde radica lo inusual de la dinámica importadora de 2022. Incluso en momentos recientes de alto crecimiento, las compras mensuales al exterior siempre promediaron los u$s 5.000 millones. En contraposición, el dato de mayo fue el tercer mes consecutivo de importaciones promedio en torno a u$s 7.000 millones. El punto es que semejante compulsión por las compras en el exterior no se condice con la dinámica que muestra el nivel de actividad.

Si bien el año 2021 implicó una fuerte recuperación tras la parálisis que generaron las cuarentenas por el Covid, lo cierto es que los primeros meses de 2022 muestran un crecimiento mucho más moderado.

El gráfico adjunto muestra claramente cómo el nivel de importaciones crece aceleradamente desde marzo, al tiempo que el nivel de actividad económica se modera. Permite apreciar además que ni siquiera cuando a mediados del año pasado la actividad mostraba un crecimiento promedio del 11% las importaciones fueron superiores a los u$s 6.000 millones.

La explicación de la vocera presidencial encuentra poco asidero en la serie de datos que el propio gobierno da a conocer.

El interrogante pasa a ser entonces cuál es el ítem que engorda las importaciones este año.

Lo primero que resalta al ver el detalle publicado por Indec, es que las compras de Combustibles y Lubricantes se triplicaron en los primeros cinco meses de 2022. Los pagos al exterior por este ítem pasaron de u$s 1.520 millones en 2021 a u$s 4.641 millones en 2022. El dato habla por sí solo de la crisis energética que atraviesa el país.

Lo segundo que se destaca es una serie de renglones que en el mes de mayo muestran un crecimiento muy por encima de la media. Es el caso de Alimentos y Bebidas elaborados fundamentalmente para la Industria (+138,5%), Partes y Piezas para Computadoras y Teléfonos (+90,8%) o Equipos de Transporte No Industriales (+62,9%). Se trata de ítems que no tienen un peso relativo determinante en el total de las importaciones, pero que a la vez son los que levantan las sospechas de sobrefacturación y compras especulativas.

Lo que se cree es que existen compras que no tienen relación alguna con la necesidad de producir, sino que revisten mera especulación a raíz del beneficio que gozan los importadores de poder pagar al tipo de cambio oficial. El sobre stock de insumos y partes es ganancia en términos reales ante una potencial devaluación o ante la chace cierta de una unificación cambiaria a fines de 2023. Hay quien señala también que la sobrefacturación en las compras al exterior puede obedecer a operaciones encubiertas de compra de divisas a precio oficial. Es allí donde pone el foco la vice presidenta.

Así las cosas, mientras la meta trazada con el FMI es reunir u$s 4.100 millones de reservas en el primer semestre, con precios internacionales volando por los aires, y el mayor ingreso de divisas cerealeras de la historia en un solo semestre, el Banco Central apenas si llega a la mitad del objetivo a una semana del plazo.

Se habla de revisar el esquema de licencias no automáticas, de pasar un “peine fino” sobre las 600 empresas que concentran el 70% de las importaciones, e incluso de un esquema cambiario diferencial para priorizar producción y energía al momento de autorizar las compras al exterior. En cualquiera de los casos, las medidas se demoran, y aun si se tomaran en lo inmediato, llegan tarde. A lo sumo permitirían evitar que la sangría de divisas se amplíe en el segundo semestre.

Dato u$s 7.870 Los millones que se importaron solo en el pasado mes de mayo. Un 53% más que en el mismo mes del año pasado.

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