El ex presidente Macri está profundizando sus contactos con Milei, en una jugada que le abre un horizonte que hasta ahora le resultaba esquivo. El partido lo preside el mendocino José Videla, que organizó a Milei el acto más importante que hasta ahora tuvo en el interior. Hasta ahora todo indica que el Plan A de Macri es condicionar a Larreta, pero no porque sea el que más le atrae sino por una lectura pragmática. Diciembre es el mes que marcan en el larretismo como el indicado para prender los motores. Que le piden definiciones, que integre un equipo político de nivel y despliegue el rol de líder de la oposición, que hoy ejerce con una discreción que permitió el crecimiento de Patricia Bullrich y el regreso de Macri.

El ex presidente pasó de la retórica a la acción en su acercamiento a Milei. Que hay detrás de la amenaza de una alianza liberal que dinamite Juntos.

El ex presidente Macri está profundizando sus contactos con Milei, en una jugada que le abre un horizonte que hasta ahora le resultaba esquivo. El supersónico crecimiento del economista liberal se ha convertido para Macri en un martillo idóneo para descargar sobre la mesa de Juntos por el Cambio, que ya no controla.

La preferencia de los radicales y Carrió por Rodríguez Larreta, redujo el margen de maniobra interno de Macri que empezó a mandar señales de acuerdo muy concretas a Milei, insinuando la posibilidad de una alianza de “liberales” que se desprenda de los socios de centroizquierda de Juntos.

Una hipótesis que ofrece a Macri además de algún futuro posible, la oportunidad de una justificación retrospectiva: Su gobierno fracasó porque le hizo caso a quienes le frenaron las reformas neoliberales, que ahora con Milei, ya suelto de ataduras, si concretaría.

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La amenaza incluye una simplificación del capítulo electoral: los radicales más Lilita rondan los 10 puntos a nivel nacional -si se suma lo que miden por ejemplo Manes y Carrió para presidente-, mientras que Milei ya merodea los veinte puntos. Esto según las siempre resbaladizas encuestas que circulan en la política argentina.

Macri viene criticando en público y privado a los radicales, al mismo tiempo que profundiza su posicionamiento como un referente “internacional” de la derecha, con fotos con Trump, Vargas Llosa y Cayetana Alvarez, por ejemplo.

Hasta aquí se podría decir que Macri deja correr las conjeturas, pero todavía no pasó el plano de la retórica en su acercamiento a Milei. Sin embargo, sí cruzó esa línea. Le ordenó a Joaquín de la Torre, vecino de Los Abrojos con el que retomó contacto habitual, que le acerque al economista el Partido Renovador Federal (PRF). No es un gesto menor, Milei viene enfrentando dificultades para hacerse de un partido nacional que le de sustento legal a su proyecto.

De la Torre controla la mitad de los congresales bonaerenses del PRF que tiene un dueño claro: Gustavo Cuervo, hijo de uno de sus fundadores. El partido lo preside el mendocino José Videla, que organizó a Milei el acto más importante que hasta ahora tuvo en el interior.

Macri ordenó a Joaquín de la Torre, vecino de Los Abrojos con el que retomó contacto habitual, que le acerque al economista el Partido Renovador Federal (PRF). No es un gesto menor, Milei viene enfrentando dificultades para hacerse de un partido nacional que le de sustento legal a su proyecto nacional.

Milei venía intentando a través de Carlos Kikuchi, ex vocero de Domingo Cavallo, sellar una alianza con el Partido Demócrata (PD), pero no está fácil. Kikuchi es amigo de su presidente, el ex diputado Carlos Walter, pero esa jugada enfrenta un escolló importante: en Capital el partido cerró con Rodríguez Larreta, que tiene en su gobierno a numerosos funcionarios provenientes del PD.

¿Está realmente decidido Macri a volar por los aires Juntos para crear algo nuevo con corazón neoliberal? ¿O se trata de la construcción de un artilugio para condicionar al extremo a Larreta?

La verdad probablemente vaya por el medio de esos extremos, que en definitiva son funcionales al intento del ex presidente por mantenerse vigente en la política nacional.

“Mauricio está en un momento de máximo irresponsabilidad política”, comenta con un dejo de envidia uno de los dirigentes del PRO que más lo conocen, atento a la ausencia de condicionamientos y responsabilidades que tiene el ex presidente.

“Macri tiene dos niveles de diálogo: a la gente de poder en serio les dice que no quiere volver, mientras que a la mayoría de los dirigentes políticos con los que se junta les dice que va de candidato y los anima a sumarse”, señala otro importante ex funcionario que lo acompañó durante años.

Si esta descripción es certera, en este último grupo se puede ubicar a María Eugenia Vidal, a la que le insinuó que podría acompañarlo como vice y a Cristian Ritondo a quien sin vueltas le dijo que lo apoya para gobernador de la provincia de Buenos Aires, como ya reflejan las pintadas que el jefe de los diputados del PRO desplegó en paredes del Conurbano, una atractiva estética vintage, que recuerda sus inicios en la JP.

“La provincia es un territorio áspero, por eso que mejor que la gobierne un áspero como vos”, lo chicaneó Macri a Ritondo. Usó otro adjetivo, pero es lo mismo.

Por supuesto que el eventual acuerdo con Milei está lleno de interrogantes, donde el ego de los involucrados no es un tema menor. Pero la utilidad de esa amenaza para Macri es innegable. Veamos las opciones:

1- Macri utiliza la amenaza de un acuerdo con Milei para condicionar a Larreta.

2- Macri acuerda con Milei y reconfigura con fragmentos de Juntos un espacio de derecha neoliberal.

3- Macri logra imponer su candidatura presidencial en Juntos y tiende puentes con Milei para un acuerdo en un eventual ballotage.

Hasta ahora todo indica que el Plan A de Macri es condicionar a Larreta, pero no porque sea el que más le atrae sino por una lectura pragmática. Pero claro esto es política y las metas se van a justando durante la marcha. A veces incluso se da la maravilla que la realidad nos sorprende y coincide con los deseos. Por eso, este es un momento de mantener las opciones abiertas.

Macri envió a Pancho Cabrera y José Torello a visitar empresarios para que aporten a su eventual proyecto presidencial. No les fue muy bien. Primer dato.

Macri no controla el PRO ni en provincia ni en Capital. Segundo dato.

¿Y qué dice Milei? El economista está abierto a ser parte de algo nuevo que incluya a los halcones del PRO -empezando por Macri – y expresiones del peronismo republicano como Pichetto y De la Torre. Jura que nunca se sumaría a Juntos.

Macri envió a Pancho Cabrera y José Torello a visitar empresarios para que aporten a su eventual proyecto presidencial. No les fue muy bien.

¿Y qué dice Larreta? Que hay que esperar a que pase el Mundial y llegue el verano para lanzarse en serio. Diciembre es el mes que marcan en el larretismo como el indicado para prender los motores. Hasta entonces jugar al distraído. Bicisendas, plazas y no mucho más. Una charla por acá, una señal por allá. El objetivo es llegar a fin de año posicionado como uno de los tres candidatos del PRO con mejor imagen positiva. Luego se impondrá el peso de los acuerdos políticos y el respaldo económico. Es posible que le falte mística, pero hasta ahora le funcionó.

En el equipo de Larreta reconocen que bajó un poco su imagen, pero aseguran que sigue lejos de la zona de riesgo y destacan que su intención de voto es sólida, mientras que la de Milei o Manes todavía contiene los riesgos de ser un fenómeno pasajero.

No son pocos los que cerca suyo no comparten ese optimismo. Que le piden definiciones, que integre un equipo político de nivel y despliegue el rol de líder de la oposición, que hoy ejerce con una discreción que permitió el crecimiento de Patricia Bullrich y el regreso de Macri.

Pero el jefe de Gobierno acumula con ese estilo gris, una efectividad política difícil de subestimar. Rivales que en su momento parecían peligrosísimos como Gabriela Michetti o Martín Lousteau -entre muchos otros- han terminado al costado del camino o subordinados a su estrategia. Claro que la pelea por la Presidencia más que una cuestión de escala, es casi un deporte distinto.

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