Aunque el caso parece de ficción, se trata de una realidad que se vive tanto en Chile como en Argentina y en muchos otros países.

“Durante el tiempo que fui prostituida, me controlaban cada vez que salía del lugar donde vivía. Con mi familia no podía tener contacto y siempre me amenazaban con hacerle daño a ellos”. Con estas palabras, Javiera Sarraz contó parte de los terribles momentos que tuvo que vivir durante varios años en su Chile natal, donde fue abusada y explotada sexualmente.

Y fue este mismo relato el que profundizó y detalló en la denuncia que realizó hace solo algunas horas ante la Justicia del país vecino para relatar cómo fue prostituida por un hombre que la captó a través de una organización política con excusas falsas. Aunque el caso parece de ficción, se trata de una realidad que se vive tanto en Chile como en Argentina y en muchos otros países.

Según le contó Sarraz (hoy militante de Política Obrera) , durante el 2008, a sus 15 años, comenzó a formar parte de Grupos de Acción Popular (GAP), un partido político chileno que funciona en los barrios pobres y en las universidades. Atraída por esta idea, Javiera comenzó a interiorizarse cada vez más, hasta que le ofrecieron militar y decidió empezar a organizar asambleas en los barrios populares, sobre todo en lo relacionado a cuestiones de orden cultural con niños y jóvenes.

Sin darse cuenta, se había empezado a meter en una red de la que por mucho tiempo no pudo salir. “En algún momento me ponen como condición financiar al partido prostituyéndome, y me amenazan con hacerle daño a mi familia. Entonces yo accedí a hacerlo, y durante el tiempo que fui prostituida me controlaban, y lo hacían cada vez que salía de mi domicilio. Yo no estaba en la casa de mis papás, vivía en la casa de Miguel Bautista Pavez Hidalgo y junto a su pareja, Paulina Emilia Carrasco Arcos, ellos ahí empezaron a tener control sobre mí, siempre con la amenaza de dañarme si me relacionaba con gente que no fuera del prostíbulo”, explicó.

Para ese entonces Javiera ya era mayor de edad, y desde el 2014 hasta el 2017, durante años que le parecieron una eternidad, pasó de prostíbulo en prostíbulo siendo agredida, abusada, drogada y golpeada. “La forma en que me sometían era manteniéndome medicada y amenazándome con hacerle daño a mi familia. Yo entregué toda la información que tenía ante la Policía, pero no podría dar demasiados detalles porque vivía drogada. Si bien yo me oponía a drogarme y a tomar alcohol, me medicaban con antidepresivos y medicación psiquiátrica que me hacia perder la noción del tiempo”, aseguró.

Sobre aquellos días recuerda que sus captores estaban asociados con los dueños de diferentes prostíbulos, y que entonces la llevaban de un lado a otro a cambio de dinero, el cual recibía su proxeneta a través de transferencias bancarias. Además, también fue víctima de violación y agresiones por parte de el hombre que la mantuvo raptada.

“‘El privado era el porcentaje de pago que yo recibía por tener sexo en las habitaciones del prostíbulo. Mientras que ‘la salida’ era el porcentaje pago que recibía por salir del prostíbulo con el consumidor y tener sexo a dónde él quisiera llevarme (su casa, un hotel, su auto, etc). La plata de los ‘privados’ y las ‘salidas’ siempre eran pagadas directamente a los proxenetas. En los ‘privados’ y las ‘salidas’ me ocurrió todo aquello de lo que es capaz alguien alienado que anula la humanidad de otro con el fin de su propio goce: insultos; golpes; ahorcamiento; intento de no usar preservativo; e incluso tener que salir corriendo porque querían obligarme a consumir alguna droga”, relató en su denuncia pública, la cual difundió en sus redes sociales para buscar apoyo.

Si bien durante años el violento la mantuvo muy controlada, en un determinado momento Pavez empezó a mandarla a Chile sola, sin alguien que la controlara, para prostituirse y traer dinero. Así, de a poco, Sarraz se dio cuenta que podía escapar, y con ayuda de profesionales de la medicina, logró salir de eso.

Aunque Sarraz pasó mucho tiempo callada y nunca expuso lo que vivió, hace muy poco se enteró de que su proxeneta, Miguel Bautista Pavez Hidalgo, sigue prostituyendo chicas y que incluso se anota a estudiar distintas carreras en diferentes universidades de la Argentina para así entablar lazos con chicas jóvenes, a quienes luego se las lleva a Chile para prostituirlas.

“Yo decido denunciar porque me entero que él sigue prostituyendo mujeres. De hecho, esto me llega por una chica que fue agredida por él pero que no está dispuesta a hablar. Ella sabia que seguía prostituyendo a chicas y que el mecanismo que usaba él ahora, era anotarse en universidades argentinas, cursar unos meses y captar chicas para llevarlas a Chile. Por ejemplo, sé que se anotó en la facultad de Ciencias Naturales en la Universidad de La Plata. Su mecanismo es generar grupos de chicos jóvenes, en su mayoría mujeres, y a partir de eso las convence de funcionar como organización política, pero después dice que hay que financiar, y ahí empieza a amenazar”, explicó.

Para evitar que existan más víctimas, es que finalmente la joven viajó en los últimos días al país vecino, donde recientemente radicó una denuncia ante la Brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones de Chile, en una dependencia de Santiago de Chile. Aunque contó todo lo vivido, la causa todavía no tiene una caratula y mucho menos cuenta con un fiscal que lleve adelante las investigaciones pertinentes.

“La justicia tanto del lado argentino como del chileno, no tiene interés en desbaratar la trata. No soy la primera mujer que lo denuncia, pero quizás sí la primera que habla públicamente. Yo hice la denuncia, pedí protección, y hasta ahora no me la dieron. Mi denuncia ya no solo es de proxenetismo, sino de trata, porque yo no tenía libre circulación. Y esperaba poder hacer público todo cuando hubiera una carátula y un fiscal, pero como eso no sucedió, ahora es doble el carácter de urgencia para publicarlo”, afirmó.

Pavez no actuaba solo. Tenía una cómplice, a quien la joven también denunció. “Paulina Emilia Carrasco Arcos se presentaba como dirigente política y desde su lugar de mujer, se aprovechaba para hacerse amiga y convencer de que la prostitución era un trabajo. Ella era quien me llevaba y me traía, me controlaba, y tenía una relación amorosa con él”, aclaró por último Sarraz.

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